
Las vacunas son preparados con poder antigénico para desarrollar una respuesta inmunitaria específica, con un mínimo de reacciones adversas generales, en el sujeto al que se le administran. Cuando se sufre una enfermedad infecciosa se adquiere inmunidad activa de un modo espontáneo mientras que con el empleo de las vacunas se adquiere una inmunidad similar de un modo artificial.
La vacunación, o administración de vacunas, se utiliza para prevenir a largo plazo las enfermedades infecciosas. Produce una inmunidad que, a diferencia de la pasiva, conferida por la administración de gammaglobulinas, es de aparición tardía, intensa y duradera. Pero existe una gran variabilidad en la respuesta de cada sujeto a las vacunas.
En el paciente con infección por el VIH la vacunación puede plantear dudas razonables:
- Las vacunas suponen un estímulo antigénico que podría provocar una reactivación del VIH.
- Cuando el sistema inmunitario está deteriorado la respuesta de anticuerpos y la duración de éstos parecen estar disminuidas.
- Existe la posibilidad de provocar efectos adversos cuando se emplean vacunas con organismos vivos.
- Se ha comprobado que la respuesta obtenida es variable tanto en lo que hace referencia a la eficacia de la vacuna como en la intensidad de las reacciones desfavorables.













