El peligroso acercamiento de la mujer al VIH suele estar relacionado con la falta de información. Pero esta sería apenas una capa exterior que recubre un problema más profundo y ancestral, que se relaciona de manera dramática con la condición femenina, con el orden social y económico y con el sistema de creencias y de mitos de riesgo.
El crecimiento, en la Argentina, de mujeres infectadas por el VIH se debe en gran parte a un sistema de creencias. Y, como todo sistema, tiene matices culturales y regionales particulares. Si, por ejemplo, una mujer mantiene relaciones sexuales con un hombre heterosexual, casado, de edad y con hijos, nada hay que temer.
Con respecto al Sida, por ejemplo, se trataría de una enfermedad exclusiva de algún grupo. Es erróneo. Comenzó en toda la humanidad, en la comunidad hetero y homosexual y no existe un registro histórico controlado de que, efectivamente, haya empezado en un grupo.
Estos mitos también se relacionan directamente con una doble moral, la que plantea que las mujeres deberían ignorar todo con respecto a la sexualidad. En realidad, va aún más allá: esta ignorancia está bien vista y es el varón quien debe manejar la situación. Es él quien decide en lo que a protección sexual se refiere.
La gente vive con recetas, muchas de las cuales se originan en algunos libros de autoayuda. Son típicos clichés. En los varones, puede conducir a conductas mucho más peligrosas, sobre todo cuando está en juego el poder, inherente a la condición masculina.















