Las drogas antirretrovirales disponibles en la actualidad son efectivas para reducir la carga viral del paciente por un limitado período de tiempo, ya sea porque no son lo suficientemente potentes o porque tienen efectos adversos que dificultan la adherencia de los pacientes al tratamiento. La efectividad relativamente corta de los medicamentos para el sida crea una situación particular: desde el punto de vista del abordaje terapéutico.
“En primer lugar, cada año se suman aproximadamente 40 mil nuevos infectados que comienzan con un primer esquema terapéutico; en segundo lugar, hay que considerar a los pacientes que, lentamente, ven que sus esquemas terapéuticos comienzan a fallar, pues los virus se vuelven resistentes al medicamento, y deben cambiar de esquema. En definitiva: tenemos pacientes en un primer esquema terapéutico, pacientes en un segundo, en un tercero o en un cuarto, e incluso pacientes que ya se han quedado sin drogas a las cuales recurrir.”














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