En muchos ambientes carcelarios las tasas de infección por el VIH son elevadas. A menudo otras enfermedades incluidas la hepatitis B, la hepatitis C y la tuberculosis también son mucho más prevalentes en las cárceles que fuera de ellas.
Las cárceles no son mundos completamente cerrados. Cada día entran y salen de ellas presos y otras personas, entre ellas el personal de la cárcel y las visitas. Muchos presos ingresan en la cárcel sólo para sentencias cortas, y otros pasan allí varios períodos, volviendo al mundo exterior cada vez que los dejan libres.
Deben tomarse todas las medidas posibles para prevenir la transmisión del VIH en las cárceles, en beneficio no sólo del personal y de los reclusos, sino también de la sociedad en general.
Entre los factores generales imperantes en las cárceles que pueden facilitar la propagación del VIH figuran el hacinamiento, un ambiente general de violencia, tensión y miedo, la falta de información sobre el VIH y la falta de instalaciones sanitarias adecuadas.
Los factores concretos responsables de la transmisión del VIH en la cárcel son la inyección de drogas con agujas y jeringas compartidas y sin esterilizar, las relaciones sexuales con penetración entre hombres y el tatuaje con equipo compartido y sin esterilizar.
Entre las respuestas específicas a los problemas del uso de drogas intravenosas y de las relaciones sexuales entre hombres cabe citar las siguientes:
• Reducir la demanda y ofrecer tratamiento a los presos toxicómanos, incluidos el tratamiento de sustitución o el programa de suministro (por ejemplo, con metadona)
• Suministrar agua oxigenada concentrada para esterilizar agujas y jeringas (incluidas las que se utilizan para el tatuaje), junto con instrucciones para su uso adecuado
• Facilitar agujas estériles sobre la base del intercambio: una aguja nueva por otra usada
• Implantar la educación recíproca entre los presos que se inyectan, recurriendo a antiguos reclusos y toxicómanos por vía intravenosa ï favorecer un acceso discreto y fácil a los preservativos
• Facilitar educación sobre los riesgos de la transmisión del VIH tanto a los presos como al personal de la cárcel
Entre las respuestas de Índole general que podrían ayudar a reducir la transmisión del VIH figuran las siguientes:
• Cerciorarse que se respeta el derecho básico de todo preso a la asistencia sanitaria, la cual debe ser comparable a la que recibiría fuera de la cárcel
• Poner fin al hacinamiento
• Buscar maneras de reducir el clima de violencia.
• Un importante cambio estructural que facilitaría muchas de las respuestas específicas consiste en poner la atención sanitaria en las cárceles bajo control de las autoridades de salud pública.
• En general, aislar a los reclusos basándose en que son portadores del VIH no contribuye a reducir la transmisión del virus.
















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