El máximo tabú, en los varones, es la famosa zona glútea, y suelen ser reacios a adoptar un rol “pasivo” de dejarse acariciar, tocar, palpar o ser besados salvo en zonas “permitidas”: genitales, boca, cara.
Esta actitud conspira con la posibilidad de tener relaciones sexuales placenteras sin correr el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual.
Además de la zona genital hay en nuestra piel otras de alto nivel sensitivo y erótico: región anal, glúteos, pezones, cuello, detrás de las orejas, manos y dedos, ingle y cara interna de muslos, piernas, diría que todo el mapa del cuerpo humano. Nuestra piel está conectada con nuestro cerebro, incluso ya desde la embriología, y juntos son sin lugar a dudas, nuestro mayor órgano erótico y también el contacto con los demás, con las sensaciones placenteras, como así también con las dolorosas y afectivas.
Aunque parezca obvio, muchas veces hay otro gran olvidado que es el beso: hay varones que descuidan esto como estimulación erógena con su pareja y muchas mujeres se quejan de que ellos “no las besan en los labios”.
Hay puntos en el cuerpo, descriptos por los orientales, que no coinciden siempre con las zonas anatómicas de los occidentales y que, digitopuntura o caricias mediante, excitarían a varones y mujeres. Por ejemplo los masajes en los pies. Algo parecido hace la reflexología estimulando o activando puntos en los pies para aliviar tensiones, estrés y malestares.














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