Los planes nacionales del SIDA a duras penas toman en cuenta los devastadores efectos del VIH y el SIDA en las mujeres que trabajan en el hogar.
Un primer paso para mejorar esta situación sería establecer la carga de atención que recae sobre las mujeres como un punto para examinar.
No hay que perder de vista que el trabajo doméstico de la mujer implica costos para la economía de la mujer, la familia, la comunidad y el país, y que algo puede y debe hacerse para reducir la carga de atención excesiva de la mujer en el contexto del VIH y el SIDA.
Al realizar un trabajo no remunerado las mujeres y las niñas pagan un costo de oportunidad porque su capacidad de participar en la generación de ingresos, la educación y el desarrollo de conocimientos prácticos disminuye.
El SIDA intensifica la feminización de la pobreza, en particular en los países gravemente afectados, y deja sin poder de decisión a las mujeres.















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