El dramático cambio ocurrido dentro del tratamiento en las Comunidades Terapéuticas fue la aparición del SIDA. Si el trabajo de asistencia a los toxicodependientes presentó un gran desafÃo, la aparición del VIH sumó la necesidad de re-crearlo.
En los centros de asistencia para adictos, con una ideologÃa de re-educación, las instituciones ofrecÃan y aún ofrecen normativas rÃgidas que castigan y culpabilizan la mayorÃa de las veces obstaculizando la posibilidad de hablar y expulsando a aquél que no se adapta. El lugar del Sida era “El grupo de portadores”, espacio en que los pacientes podÃan expresarse sobre sus preocupaciones en relación a la enfermedad. El tema de la sexualidad, no encontraba donde ser expresado, se intentaba generar espacios, grupos con diferentes nombres donde se hablaba sobre este tema. Un grupo para cada tema y cada tema en su grupo, parece más una necesidad de “control” por parte del equipo terapéutico, que a cuestiones que tuvieran que ver con lo humano.
Alternativas
En primera instancia, el equipo de salud serÃa el lugar privilegiado donde se podrÃan revisar prejuicios y estereotipos en relación con los sujetos que consumen drogas, la consideración de este consumo como su principal recurso, la comunicación interdisciplinaria e interinstitucional como eje central de investigación y colaboración mutua.
El consumo de drogas asociado a la infección por el virus del VIH y a la prevención, es un desafÃo que invita a incluir la heterogeneidad y a tolerar las diferencias, a promover la creatividad y la espera activa. Tomar posición, en el sentido, de trabajar para dar paso a la demanda que posibilite una acción preventiva y terapeútica.















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